El carisma es una parte esencial de nuestras relaciones personales, sociales y profesionales. Alguien carismático logra sus objetivos antes que cualquier otro, y con menos esfuerzo. La persona carismática no nace, se hace. En dos meses puedes pasar de alguien a quien nadie tiene en cuenta a convertirte en un referente en el entorno en el que te mueves. Para ello tienes que proponértelo y conocer las herramientas adecuadas.

Y para conseguirlo solo hace falta que quieras lograrlo, que te pongas manos a la obra y vayas introduciendo cambios en tu vida todos los días. No todos los cambios de golpe, no sea que te empaches o empaches a los que te rodean, sino poco a poco; sin prisa, pero sin pausa.

Si te lo propones vas a lograr dejar de ser una persona anónima para convertirte en una personalidad. Esto nos vale tanto para el entorno personal como social y profesional. No te llevará demasiado tiempo ni esfuerzo, pero si tendrás que cambiar algunos de tus hábitos.

Deberás estar pendiente de la evolución de tu nueva personalidad. No lo harás todo en un solo día, sino gradualmente, Un día aprenderás a sonreír y o pondrás en práctica, Otro día te centraras en cómo dar la mano y saludar en diferentes entornos, y lo pondrás en práctica. A la vez seguirás practicando la sonrisa del día anterior.

El tercer día practicarás la escucha activa, que no solo consiste en escuchar atentamente a tus interlocutores. Esta escucha activa no consiste solo en escuchar, sino que hay que interactuar, que el otro perciba que estás pendiente de sus palabras. Así, poco a poco, sin darte cuenta serás una persona carismática.

Cuando lo logres, la percepción que tienen los otros de ti habrá cambiado radicalmente, para mejor. Querrán estar más cerca de ti, tendrán en cuenta tus opiniones y te pedirán consejo. Aquellos que antes se cruzaban contigo y no te veían porque eras invisible ahora van a intentar que seas tú quien les vea a ellos.

Eso es el carisma. ¿Te apuntas?