En la sociedad en la que nos movemos no sirve solo tener conocimientos técnicos, que están muy bien y son muy útiles. Además, es esencial disponer de ciertas habilidades que nos hagan más sencillo triunfar. Me refiero a las habilidades blandas, también conocidas como soft skills.

Si añadimos nuestros conocimientos profesionales a estas habilidades, tendremos más de la mitad del camino recorrido y triunfar no nos debería resultar difícil.

La capacidad de persuadir a los demás utilizando adecuadamente nuestra capacidad de comunicación es un don que todos podemos desarrollar, igual que es un don la empatía que nos permite intuir cómo se sienten las personas con las que nos encontramos en un momento dado. Todo ello nos ayudará a crecer como personas y profesionalmente poniendo el éxito más cerca de nuestras manos.

Al fin y al cabo, estamos hablando del carisma y la empatía. Una persona carismática es aquella a la que siguen otros muchos, en la que confían otros y que tiene capacidad de influencia.

Pero no nos engañemos, el carisma es una situación que no funciona siempre con todo el mundo, solo en determinadas situaciones.

La buena noticia es que se puede aprender a ser carismático y a desarrollar esas habilidades blandas que nos van a facilitar el triunfo.

Ejemplos para ilustrar esto los encontramos todos los días. Quienes más triunfan en los negocios, la farándula o la política no suelen ser los más preparados, ni los más honrados, sino aquellos que, independientemente de su grado de honradez, son los más espabilados, los más hábiles a la hora de interactuar con otras personas. Saben utilizar sus diferentes habilidades en cada momento en función de las diferentes situaciones a las que se enfrentan.

Al fin y al cabo, teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad cada vez más competitiva, no podemos dejar de utilizar cualquier habilidad que tengamos a nuestro alcance para mejorar nuestra posición profesional, social o personal.

Se trata de habilidades tan sencillas como la comunicación en sus tres formas diferentes: verbal, no verbal y paraverbal. Saber saludar y causar una buena primera impresión, mirar a los ojos de nuestro interlocutor de la manera adecuada, respetar su espacio corporal o, simplemente, mantener la adecuada escucha activa para que la otra parte se sienta escuchada y apreciada.

Todo esto, y mucho más, forma parte de las habilidades blandas. Nadie logrará dominarlas en dos días, pero sí en un par de meses. Solo hay que ponerse a ello, un día aprendiendo a saludar, otro a sonreír, otro a escuchar. Se trata de practicar, practicar y practicar. Tras mucha práctica habremos sido capaces de incorporarlo a nuestra vida cotidiana sin casi darnos cuenta.

Pero recuerda, esto no se aprende solo. Hay que ponerlo en práctica.