Hemos pasado de la tienda de toda la vida a pasarnos la vida de tienda en tienda. La fidelidad del cliente que hace años era algo esencial para una empresa es un concepto cada vez más olvidado. No es posible mantener la fidelidad porque llegará otra compañía con un producto más bueno, bonito y barato que nos quitará el cliente en cuestión de segundos.

Pero eso no significa que tengamos que rendirnos, ni mucho menos. Lo que hay que hacer es luchar con otras armas. Una de ellas es el Big Data o la ciencia de los datos, que nos permite recopilar y analizar datos para llegar a conclusiones razonables. Con esas conclusiones podremos desarrollar una estrategia que nos permita mejorar la cuenta de resultados y la rentabilidad del negocio. Aunque esa rentabilidad no tiene por qué ser económica, y puede ser de otra índole.

Nuestro consumidor ya no es fiel, no solo a la empresa, sino al territorio. Tiene la posibilidad de comprar cualquier producto o servicio en cualquier lugar del mundo a cualquier hora del día, a golpe de clic. Retenerlo es un trabajo complicado, porque no se trata solo de retener sino de luchar contra miles de competidores con ofertas irrechazables. Este cambio de mentalidad y de los procesos a la hora de gestionar nuestro negocio nos obliga a buscar nuevos aliados, y uno de ellos es el Big Data.

Para seguir en la lucha necesitamos conocer a nuestro cliente y tener claro lo que quiere en cada momento. Demos saber quién es nuestro mejor cliente, si él sabe que lo es y cómo mantenerlo en ese estatus privilegiado de nuestra relación comercial. Para todo ello contamos con la inestimable ayuda del Big Data, que nos hace más sencillo conocer la posición real en la que nos encontramos y nos dará datos que nos permitan saber qué quiere, qué espera y qué necesita.

Por ejemplo, un partido político no busca dinero, lo que busca son votos. Y con un adecuado análisis de los votantes seremos capaces de captar más papeletas en las urnas. Hasta no hace mucho se decía de algunos de los que estaban en política que eran animales políticos con una tremenda intuición para saber lo que quiere la gente.

Ahora eso no nos sirve, la intuición está muy bien como algo decorativo, pero si queremos llegar al electorado tendremos que saber qué quiere, para poder prometer que haremos lo que nos demandan. Sí, lo sé, otra cosa es que luego el político cumpla sus promesas, que no suele, pero en eso no vamos a entrar ahora, es harina de otro costal. Y si el cliente no es fiel, el votante mucho menos porque hoy te voto a ti y mañana al otro y pasado mañana ya veremos.

Esto no es más que la transformación digital que está experimentando la sociedad, también la política.

Estamos hablando de Transformación digital, nuevos empleos, soft skills, digitalización, Big Data, inteligencia artificial, robótica, estrategia, liderazgo, innovación, tecnología, habilidades blandas, formación, nuevas tecnologías, futurismo y formación.