Cuando los políticos inauguran un evento corres dos riesgos. El primero es que hablen más de la cuenta, porque se creen que son dioses y no les importa cómo se vaya a desarrollar posteriormente el acto, solo se importan a sí mismos.

El segundo riesgo es que el protagonismo del evento se lo lleve el político en cuestión y nadie sepa qué hacía allí y no llegue el mensaje que queremos transmitir. Por eso tenemos que elegir entre la cantidad y la calidad. La cantidad significa que el presidente del Gobierno o el ministro de turno inaugura el acto y hacen unas declaraciones a la salida, o durante la propia inauguración, y las radios, televisiones, periódicos y demás medios se olvidan del evento. Y no te quiero ni contar si en vez de hacerlas al final las hacen antes de empezar y son explosivas; en ese caso los periodistas se olvidarán de todo lo demás. Habrás conseguido que el lugar se llene de periodistas, pero otra cuestión es que esos profesionales divulguen tu mensaje, porque lo habitual es que transmitan el mensaje del político de turno.

La calidad es lo contrario, que no vayan políticos y que la organización consiga repercusión para ese evento. Toda esa repercusión será de calidad en interés de los organizadores, porque se informa a la gente sobre ese evento y no sobre cuestiones políticas de actualidad. Otra opción, que casi nunca se produce, es que el político tenga claro que va allí a ayudar a esa actividad y se limite a hablar de lo que allí ocurre. Pero eso, hasta donde alcanza mi memoria, nunca ha pasado, ni probablemente ocurrirá. Los políticos no dan puntada sin hilo y vayan donde vayan su única preocupación suele ser 'vender su libro'. Buscan, constantemente, escaparates donde lucirse ellos mismos y en su propio beneficio.

Ya sabes, tienes que elegir entre calidad o cantidad.