El moderador y presentador es el responsable de los tiempos, y el conferenciante tiene que ser capaz de adaptarse a ellos, aunque se produzcan cambios de última hora.

Un buen profesional sabe dirigir el evento acortando o alargando las diferentes participaciones, en función de como se vaya desarrollando el acto. Y un buen conferenciante será capaz de acortar su presentación sobre la marcha a indicaciones del presentador, si fuese necesario.

Hay algunas acciones que pueden ayudar al buen desarrollo de esa actividad. Una de ellas es tan simple como poner un reloj al fondo de la sala, para que podamos ir controlando y ajustando los tiempos.

En algunas ocasiones, los conferenciantes disponen de un reloj con cuenta atrás para ajustarse a la duración justo delante del escenario, pero eso tampoco suele ser lo habitual. Tampoco es usual disponer de ese reloj al fondo de la sala, y lo cierto es que ayuda mucho al buen desarrollo del acto. Permite al presentador controlar los tiempos sin necesidad de estar mirando su reloj de pulsera constantemente, lo que no produciría una buena impresión, porque parecerá que estamos más pendientes de la hora que de lo que está ocurriendo en ese momento.

El control del tiempo de los conferenciantes es fundamental, aunque generalmente depende de ellos mismos, y en muchas ocasiones de su propio ego. Y el ego es el gran enemigo del trabajo en equipo. No olvidemos que impartir varias conferencias por parte de diferentes personas en una misma jornada es, sobre todo, trabajo en equipo.

Algunos conferenciantes son conscientes de que están utilizando más tiempo del que se les ha adjudicado y eso significa que la jornada se alargará o que los otros conferenciantes tendrán que acortar sus ponencias. Es una cuestión de ego, de sentido común y de buena educación y respeto a los otros. Si concertamos quince minutos, son quince minutos no veinte ni treinta. Pero a muchos conferenciantes no les importan los otros, una triste realidad que me encuentro con excesiva frecuencia.

Lo cierto es que cada vez que presento o modero un evento, es la parte más difícil de gestionar a la que me enfrento, porque todos piensan que lo suyo es lo más importante y que lo de los otros es secundario. Y ahí estás tú, es decir, yo y otros como yo, para poner orden en ese jardín lleno de egos y regados con una total falta de respeto hacia los otros.