Cuando hace treinta años comencé a trabajar en TVE los televisores que teníamos eran muy voluminosos. Cuando se estropeaban se tiraban directamente a la basura. No había conciencia de reciclar. Luego irían disminuyendo de tamaño, sobre todo de grosor, hasta llegar a las pantallas planas. En todo este tiempo hemos ido tomando conciencia de la necesidad de cuidar nuestro planeta que, cada día, está más maltrecho. Ahora los televisores no se tiran a la basura, sino que se llevan a los puntos limpios para su reciclaje.

Es un buen modelo de negocio para muchas empresas, las cuales han encontrado un filón en la llamada economía circular que pretende que todo tenga un proceso y se reutilice.

Para luchar contra el cambio climático los emprendedores somos unos excelentes aliados. Tenemos nuevas ideas, ganas de sacarlas adelante y una gran ambición de lograr nuestros objetivos. Por eso, las startups sostenibles no solo son una realidad, sino que también son una necesidad. Creo que nadie puede negar que los emprendedores somos uno de los colectivos más concienciados a la hora de crear productos y servicios sostenibles.

En esa aparición de nuevos productos y servicios sostenibles, el emprendedor y el pequeño empresario tienen mucho que decir, tanto a nivel global como local. Porque hay que tener en cuenta que las PYMES son las mayores generadoras de actividad económica y empleo en todos los países del mundo.

Pero también necesitamos concienciarnos. La CRUE, que es la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha pedido que en las titulaciones estén presentes los nuevos descubrimientos y se identifiquen comportamientos para luchar contra el calentamiento global. Pero para ello hacen falta recursos, dinero. Y apoyo político y social. Sin estos elementos no será posible atender a estas peticiones.

En cualquier caso, o nos concienciamos todos de la situación y nos ponemos las pilas o lo vamos a tener muy difícil. Nuestra calidad de vida se verá reducida drásticamente por las patadas que le estamos dando cada día a nuestro planeta.

En ocasiones da la impresión de que el árbol no nos deja ver el bosque, porque aunque hay quien piensa que el cambio climático va a suponer muchos gastos, que así será, no caen en la cuenta de que va a generar muchísimas oportunidades de negocio. Ahí es donde entra el emprendedor. Y nosotros, en España, lo tenemos bastante fácil. Bien es cierto que disponemos de pocos recursos energéticos convencionales, que son los que más contaminan, pero nos sobra agua, sol y viento, que no contaminan nada. Con estos mimbres seguro que, si nos ponemos a ello, podemos construir un buen cesto.

Pero no es todo de color rosa, porque la transición energética va a obligarnos a soportar un tremendo cambio productivo y estructural, lo que nos llevará a un reajuste económico.

Volvemos a lo de siempre, los que sean capaces de adaptarse sobrevivirán y los que sean incapaces de hacerlo lo van a pasar bastante mal. Y no me refiero a nuestra salud, que eso nos afectará a todos casi por igual, sino a nuestras empresas. Porque cada día se ven con peores ojos los productos contaminantes. De hecho, la subida de impuestos de estos productos que dañan el medio ambiente haría que los consumidores buscasen otros más baratos. Esto no lo digo yo, sino que es una de las medidas que se barajan desde el FMI.

Hay sectores que se van a encontrar con dificultades añadidas, como las aseguradoras, porque se tendrán que replantear su estrategia si seguimos por este camino donde los desastres naturales provocados por la mano del hombre (qué contrasentido) irán en aumento. Y sería económicamente insostenible para estas empresas, por mucho que exista el Consorcio de Compensación de Seguros.

No obstante, hay medias que ya se están adoptando, algunas desde hace bastantes años. Benefician tanto a la empresa como al medio ambiente. Me refiero al teletrabajo, que no siempre es posible, dependiendo de la labor que desarrollemos en la empresa. Un teletrabajador se ahorraría ir a la oficina en coche porque no tendría que moverse de casa, ahorraría tiempo en reuniones que se pueden hacer via telemática, tendría menos estrés porque no sufriría atascos. Estamos viendo los beneficios para la empresa, que ahorraría en bienes inmuebles, y para el trabajador, que ganaría calidad de vida. Y para el medio ambiente, que se beneficiaría de la menor emisión de gases. Todos contentos.

En los últimos años estamos asistiendo a una verdadera guerra contra el plástico, que tarda cientos de años en degradarse y que está matando nuestros mares. Para ganar esta guerra tenemos que ir batalla a batalla, con casos reales. Por ejemplo, lo que ha hecho una aerolínea de Nueva Zelanda que ha incorporado a su servicio unas tazas que no son de plástico, sino que son comestibles. Cuando te acabas el café te la comes, o la tiras a la basura, que ya se reciclará adecuadamente.

Otro caso, español, es el de unos emprendedores que montaron una empresa que fabrica unas pajitas comestibles y biodegradables, que te las puedes comer cuando terminas tu bebida. Sustituir el aire acondicionado tradicional por un sistema 100% natural, sin emisiones de gases, es una iniciativa de una empresa valenciana. Y así podríamos seguir. Todos ellos son productos que llaman mucho la atención y que no nos acaban de convencer hasta que los probamos. Así que, pruébalos.